Jens MeyerPor Jens MeyerDirector de HR Catalisis

Seguridad conductual en la minería: qué se puede medir antes del ingreso a faena (y qué no)

Guía de práctica profesional. No es un estudio de validación ni un caso de cliente.

1. El punto ciego del ingreso a faena

Antes de que alguien entre a una operación minera, revisas experiencia, licencia, certificaciones y aptitud médica. Son controles necesarios. El problema aparece cuando das por hecho que, con esa carpeta completa, también sabes cómo se comportará la persona bajo presión.

Saber operar un equipo no es lo mismo que respetar el procedimiento cuando el turno está atrasado. Conocer una regla no asegura que alguien la aplique cuando hacerlo parece incómodo. Una licencia acredita una condición para trabajar; no responde todas las preguntas sobre hábitos, decisiones y relación con el riesgo.

Mi trabajo empieza en esa diferencia. No busco una etiqueta de persona segura o peligrosa. Busco información útil para conversar antes del ingreso: qué situaciones requieren atención, qué preguntar en una entrevista y dónde reforzar la inducción. La pregunta no es solamente si sabe hacerlo. También importa cómo decide hacerlo cuando nadie está mirando.

Esta guía organiza ese trabajo. Está dirigida a quienes seleccionan operadores, supervisores y contratistas, y a quienes deben coordinar selección con seguridad. La evaluación conductual es una pieza del sistema. No sustituye exámenes médicos, licencias, controles técnicos, inducción ni capacitación, y no anticipa con certeza un accidente individual.

2. Por qué la experiencia no basta

La experiencia aporta conocimiento del entorno y de las tareas. También merece preguntas. Una persona experimentada puede haber aprendido buenas prácticas o normalizado atajos que en otro lugar se toleraban. Los años de trabajo, por sí solos, no permiten distinguir entre ambas situaciones.

En la práctica de seguridad se observa un problema conocido: cuando una actividad resulta familiar, es fácil tratarla como si ya no exigiera atención. Haberla realizado muchas veces sin incidentes no convierte una desviación en una buena decisión. Conviene explorar cómo la persona explica sus hábitos, no premiar automáticamente la confianza con que los describe.

En una entrevista, prefiero pedir una situación concreta. ¿Qué hizo cuando una instrucción entró en conflicto con la presión por terminar? ¿Cuándo detuvo una tarea? ¿Cómo actuó frente a un compañero que omitió un paso? Después reviso el razonamiento y contrasto las respuestas con las otras evidencias del proceso.

No se trata de castigar la experiencia. Se trata de aprovecharla mejor. Si aparece un hábito que no coincide con tu operación, necesitas saberlo antes de asignar responsabilidades. La experiencia abre una conversación valiosa; no la reemplaza ni autoriza a dar por resuelta la conducta futura.

3. Qué mide una evaluación conductual de seguridad

Una evaluación conductual describe tendencias. No produce una sentencia sobre una persona ni explica por sí sola una decisión laboral. En HR Catalisis utilizo el instrumento Risk & Safety de Aon para trabajar con información relacionada con la seguridad. Cuando el cargo lo requiere, incorporo estilos de trabajo con ADEPT-15.

El punto de partida es el puesto. Al definirlo, reviso con la operación cuestiones como la relación con los procedimientos, la respuesta a la presión, el cuidado de los detalles y la manera de abordar una situación de riesgo. Son temas para entender el trabajo, no una lista de nombres oficiales de las escalas del instrumento.

Un resultado tiene sentido cuando lo conectas con una conducta relevante para ese cargo. Si merece atención, lo conviertes en una pregunta: qué ha hecho la persona en situaciones comparables, cómo entiende la regla y qué apoyo necesita para trabajar con el estándar esperado. Esa interpretación exige contexto y revisión humana.

Antes de elegir una batería, hay que revisar su documentación técnica, el uso previsto, el idioma y las condiciones de aplicación. También hay que definir quién interpretará el informe. No basta con disponer de una puntuación: necesitas una explicación que permita actuar sin convertir una tendencia en una acusación.

4. Tres errores comunes al usarla

Convertirla en un filtro automático

El primer error es tomar una puntuación como aprobación o rechazo, sin conversación. Así se pierde la oportunidad de entender lo que el resultado señala. Define criterios relacionados con el cargo, revisa la información completa y documenta la decisión. Una entrevista estructurada ayuda a contrastar, no a buscar una justificación después de decidir.

Evaluar a operadores, pero no a supervisores

El segundo error es concentrar toda la atención en quienes ejecutan la tarea. El supervisor decide qué desviaciones corrige, qué prioridades comunica y cómo responde cuando alguien detiene el trabajo. Su conducta también debe formar parte de la definición del proceso, con criterios adecuados a su responsabilidad.

Dejar fuera a los contratistas

El tercer error es tratar el vínculo contractual como si redujera el riesgo de la tarea. Un contratista entra al mismo entorno operativo. Coordina con la empresa que lo emplea los requisitos, responsabilidades, información y seguimiento. No improvises un circuito paralelo con reglas diferentes y resultados que nadie sabe interpretar.

5. Escenario típico: un proceso de ingreso en una operación minera

Escenario ilustrativo, basado en procesos que hemos acompañado. No describe a un cliente específico.

Imagina una operación que prepara el ingreso de operadores, supervisores y personal contratista. Personas y seguridad empiezan por revisar las tareas críticas. No redactan un perfil genérico de buen trabajador: identifican qué decisiones del puesto importan, qué procedimientos son obligatorios y cuándo debe escalarse una duda.

Con ese contexto, definen la evaluación y la entrevista. Las personas reciben una explicación del objetivo, de cómo responder y de quién tendrá acceso a la información. Responden en línea antes de su fecha de ingreso, con condiciones de aplicación y apoyo acordadas. Las necesidades de accesibilidad se atienden antes, no al revisar el resultado.

La organización recibe un informe por persona y una vista comparada del grupo. La comparación no se convierte en un ranking de personas peligrosas. Sirve para ordenar la revisión: qué situaciones requieren entrevista, qué temas deben aparecer en la inducción y quién necesita una conversación adicional.

Después revisamos los casos de atención con los responsables del proceso. Un resultado lleva a preguntas concretas y se contrasta con experiencia, entrevista y referencias pertinentes. Las acciones se definen según el caso: profundizar la entrevista, reforzar la inducción o acordar acompañamiento con el supervisor.

La decisión y su fundamento quedan registrados. Al comenzar el trabajo, el supervisor conoce las acciones que le corresponden, no recibe libre acceso a información personal innecesaria. El seguimiento revisa conductas observables y apoyos acordados. Este escenario describe una forma de organizar el proceso, no resultados obtenidos ni una reducción de accidentes.

6. El rol del supervisor

Un procedimiento escrito pierde fuerza si quien dirige el turno acepta que se omita. El equipo aprende de lo que se permite y de lo que se corrige. Por eso, hablar de conducta segura exige mirar también cómo se lidera.

En selección de supervisores, me interesa explorar cómo manejan la tensión entre producción y seguridad. ¿Escuchan una alerta? ¿Explican por qué una tarea se detiene? ¿Corrigen sin humillar? ¿Sostienen el mismo criterio cuando cambia la presión del turno? Son preguntas sobre decisiones del trabajo, no sobre popularidad.

La evaluación debe traducirse en acciones de liderazgo. Si surge un tema de atención, concreta qué revisar en la entrevista o qué desarrollar antes de asumir el turno. Un informe archivado no cambia el estándar de la operación. Una conversación con responsables, compromisos y seguimiento hace que la información tenga un uso claro.

También importa lo que la organización exige al supervisor. No tiene sentido pedirle que promueva conductas seguras si después se cuestiona cada detención sin revisar su motivo. La evaluación individual no sustituye esa responsabilidad de gestión.

7. Cuidar a las personas evaluadas

Un proceso serio empieza explicando para qué se evalúa. La persona debe entender el objetivo, el uso de la información, los destinatarios y el canal para plantear dudas. No conviene presentar una prueba como trámite sin consecuencias y usarla después de una manera distinta.

Recomiendo acordar una devolución clara y respetuosa cuando la política del proceso la contemple. Explicar un resultado no consiste en recitar puntuaciones. Consiste en describir qué significa en el contexto del puesto, qué no significa y qué pasos siguen. Evita etiquetas personales y comentarios que parezcan diagnósticos.

La información debe circular con una finalidad definida. Selección, seguridad y supervisión no necesitan necesariamente el mismo nivel de detalle. Define accesos, conservación y responsabilidades con quienes gestionan privacidad y asuntos laborales en tu jurisdicción. No uses el informe para fines distintos de los que se informaron sin revisar previamente esa decisión.

En entornos con representación sindical, incorpora la conversación al diseño del proceso. Explica criterios, límites y mecanismos de revisión. Escuchar preguntas no debilita la evaluación: permite detectar problemas de aplicación y construir un proceso comprensible. El respeto debe mantenerse tanto cuando una persona avanza como cuando no continúa.

8. Lista de verificación para tu próxima contratación en faena

La lista sirve para preparar una conversación entre áreas. Si un punto no está resuelto, no lo escondas detrás de la herramienta: asigna una responsabilidad y acuerda cómo resolverlo antes de usar los resultados para decidir.

9. Preguntas frecuentes

¿Una evaluación puede anticipar un accidente?

No con certeza individual. Describe tendencias que deben interpretarse en relación con el cargo y con otras evidencias. Su uso es orientar una decisión y acciones preventivas, no prometer que alguien tendrá o no tendrá un accidente.

¿También sirve para contratistas?

Sí, dentro de un proceso definido con las partes responsables. Revisa los contratos, la información que recibirá la persona, los criterios aplicables y quién interpretará el resultado. El ingreso no debe depender de una exigencia que nadie haya explicado.

¿Qué recibe la persona evaluada?

La devolución que hayas acordado según tu política y las condiciones del proceso. Recomiendo un retorno comprensible y respetuoso, sin exponer información a quienes no la necesitan ni convertir puntuaciones en etiquetas personales.

¿Qué hago con un resultado que requiere atención?

Revisa el contexto y profundiza mediante una entrevista estructurada. Contrasta evidencias y define una acción pertinente: continuar la revisión, reforzar la inducción o acordar acompañamiento. Documenta el fundamento. No conviertas la señal en una decisión automática.

10. Revisemos tu proceso de ingreso

¿Quieres revisar tu proceso de ingreso? Conversemos 30 minutos.

Cuéntame qué cargos seleccionas y cómo coordinas hoy Personas, seguridad y contratistas. Revisamos qué evaluar, qué dejar fuera y cómo usar los informes para tomar decisiones que puedas explicar.

Jens Meyer, director de HR Catalisis.
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